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Contaminación de la moda rápida

Fast fashion y contaminación

Después de la industria energética, la moda es la industria más contaminante que existe en el mundo. Los costes ambientales del consumo de prendas de vestir superan cualquiera de los precios de salida que tienen muchos de esos productos.

Antes una marca de moda creaba colecciones siguiendo las preferencias de los usuarios según las estaciones del año. Esta práctica ha quedado obsoleta y hoy la producción de la industria textil se ha acelerado considerablemente. Cada vez se acortan más los tiempos entre la fabricación de un producto y su disponibilidad en el mercado.

El precio económico acerca más estos productos a los consumidores. Para los fabricantes el resultado es que logran cubrir la demanda. Sin embargo, la responsabilidad de la industria de la moda en la preservación del medio ambiente queda en entredicho con el actual modelo de producción.

Encontrar siempre algo nuevo en la tienda

Fast fashion es una estrategia que ha utilizado el sector de la moda en los últimos años. Se trata de renovar siempre que sea posible las colecciones elaborando prendas de acuerdo a las preferencias de los consumidores. La motivación es hacerlo en el menor tiempo posible para que de esta manera los consumidores tengan una nueva tendencia que comprar.

En el centro de la estrategia fast fashion está el concepto de «microtemporadas». Esta idea se relaciona con la capacidad que tienen las grandes marcas de interpretar más rápido las tendencias y gustos de los consumidores. Lanzando productos adaptados al mercado, con precios más económicos, las grandes marcas se aseguran llegar a un público mayor.

Además, la flexibilidad en la producción y distribución de los productos les permite beneficiarse con una falsa sensación de escasez que generan en los consumidores.

Hay marcas que reponen nuevos diseños en sus tiendas dos veces por semana.

Si a un usuario le gusta un modelo, su mejor opción es comprarlo pues lo más seguro es que en los próximos días esa prenda se agote y haya perdido la oportunidad de tenerlo. Esa falsa sensación de escasez lleva a los usuarios a otorgarle más valor a un producto, por lo que crece la reputación de la marca junto a la demanda.

Los productos fast fashion son diseñados, fabricados, distribuidos y vendidos casi con la misma rapidez con la que un usuario puede cambiar de gusto. Y esto demanda más agilidad en los volúmenes de producción y velocidad en las respuestas de parte de las marcas.

Contaminación fast fashion

La estrategia fast fashion de la moda provoca un daño irreversible al planeta. Sus efectos poseen el mismo ritmo acelerado con el que se producen las prendas. La emisión de gases contaminantes, los gastos de energías no renovables, la contaminación de las aguas con sustancias químicas, son algunas de las consecuencias de esta estrategia rápida.

La industria de la moda es responsable del 10% de las emisiones de dióxido de carbono y es la segunda industria a nivel mundial que más agua necesita.

Hacer una prenda de vestir que contenga algodón, por ejemplo, requiere primero un proceso de siembra. Luego esa fibra es procesada y mezclada con otras fibras para hacer tejidos. Según el diseño, se estampa o se tiñe de un color y se termina por confeccionar una prenda que luego se distribuye.

En este proceso el gasto de recursos y la generación de residuos son enormes.

Más allá del consumo

Para producir un kilogramo de algodón se necesitan alrededor de 10.000 litros de agua. Según estimaciones esta cifra cubre la misma cantidad de agua que bebe un ser humano en diez años.

En la producción de una camiseta de algodón se utilizan 2.700 litros de agua. La misma cantidad de agua que bebería una persona en dos años y medio.

No solo en el consumo de agua pueden verse los efectos de la producción acelerada de prendas de vestir. En la contaminación del agua también pueden hallarse efectos negativos.

La moda es responsable del 20% de las aguas residuales que se producen cada año en el mundo. Para teñir o estampar la ropa se utilizan sustancias químicas que terminan en las aguas. Estos agentes contaminantes son tóxicos y si un animal los ingiere accidentalmente toda la cadena alimenticia se ve afectada.

Al igual que en el consumo inconsciente de microplásticos, no olvidemos que todos los seres vivos, incluyéndonos a los seres humanos, forman parte de esa cadena.

Más de la mitad del volumen total de ropa que fabrican marcas como Zara y H&M acaba en la basura en menos de un año. La gran paradoja en nuestros hábitos de consumo es que hoy compramos cuatro veces más ropa que en los años noventa y el 40% de la ropa que guardamos en el armario jamás se usa.

En otras palabras, en la tienda sufrimos del efecto temporal de aburrirnos si no encontramos algo nuevo, pero luego en la casa realmente nos aburrimos de la ropa y nos olvidamos de ella.

Cambiando el paradigma de consumo

Con una estrategia como fast fashion, la moda es más cambiante de lo que por su propia naturaleza es. Aunque una prenda pueda durar toda la vida, es muy probable que se use cuando mucho diez veces. Después quedará guardada en el armario porque simplemente dejó de ser tendencia. Es decir, pasó de moda.

Tal vez la moda sea hoy la máxima expresión del funcionamiento de un modelo de consumo que arrastra al mundo a una emergencia ambiental. Muchos apuestan por un modelo en el que queden eliminadas las posibilidades de desechar ropa o utilizar nuevos recursos para fabricarla.

Esta idea se sostiene en un modelo circular: producción de tejidos, fábrica de ropa, tienda, armario, proveedor de segunda mano, recicladores de material textil y vuelta a la producción de tejidos.

Apostando o no por este modelo, lo cierto es que los recursos que se destinan para la fabricación de ropa son incalculables. Es una situación con un panorama gris si tenemos en cuenta las previsiones de expansión urbana y crecimiento del consumo que viviremos en los próximos años.

Como aseguran los especialistas, el fast fashion existe porque los consumidores lo respaldamos con nuestros hábitos.

Varias medidas pueden tomarse en función de modificar nuestro comportamiento para volverlo más responsable con el medio ambiente. Algunas de ellas pueden ser preocuparse por los materiales con los que se fabrica la ropa que compramos, priorizar la compra de ropa manufacturada o no tirar a la basura la ropa que dejas de usar.

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